Te llevamos hasta la esquina, venían hablando de patacones; llovía, y era el momento preciso para mirar por la ventanilla. Te bajaste y una gotita te cayó en la cabeza, te quedaste un largo rato bajo la lluvia, nos íbamos alejando, te ibas haciendo más chiquito a medida que avanzábamos; la distancia te hacía ver como una hormiguita, una hormiguita mojada.
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