Me quema las ideas, interrumpe esta frágil idea de libertad que tengo desde siempre, que parece tan falsa a ojos de otros, tan estúpida a la vista de mis padres y tan única y suficientemente real en mí cabeza, como para creermela. Estoy así, estoy como puedo, recorriendo ciudades imaginarias, arrancando flores de los jardines de tú mente y clavando banderas en otros planetas; planetas verdes, planetas rojos, violetas, amarillos, rosas, como las pinturas del nene, como lo que dibuja en mí pared tú mirada, y las huellas que dejás en la arena. Al fin y al cabo, todos nos preguntamos qué hay en la otra punta del arcoiris, del mar, del cielo, ¿qué hay en la otra punta de tú sonrisa? Qué ocultan esos ojos que me da tanta curiosidad, tanta confianza, tanta vida; tantas ganas de salir corriendo, de despertarme en las mañanas y sentir el frío de la humedad, el calor de la frazada, la tranquilidad de tú respiración; qué lindo verte dormir, que bien que termino los jueves, como me gusta julio, como me ponen los temas de Charly, qué lindo llorar, qué lindo sentirse vivo.
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